Yoga y tercera edad

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Como os he comentado en alguna entrada anterior sobre la práctica de Yoga para todos los públicos, hoy quiero hablarles de la práctica en la tercera edad.

Primero que nada aclarar que en este espacio suelo compartir mi humilde visión del Yoga, que se ha ido haciendo en base a mi experiencia personal, tanto en mi práctica personal, como en las clases como profesora. He tenido la suerte de encontrarme con  profesores y alumnos de muchos niveles y condiciones que me han enseñado y me siguen enseñando muchísimo.

Cuando hablo de Yoga y tercera edad, no me refiero a una práctica a partir de una edad “X”, si no a determinados tipos de cuerpos con los que me he ido encontrando en las clases, y que están limitados en algún sentido, tengan 20, 30 u 80 años. Así que para ser más precisos me gusta llamar a esta práctica Yoga regenerador.

El Yoga regenerador es aquel que se adapta a las limitaciones del cuerpo de las personas, sobre todo mayores, y que pretende movilizar articulaciones, y dar mayor flexibilidad y movilidad.

No es lo mismo una persona que ha practicado durante muchos años alguna actividad física, sea yoga o cualquier otra, que alguien que no ha hecho nunca nada. Como también se debe tener en cuenta el estilo de vida, la existencia o no de lesiones, patologías, dolencias, y porque no la personalidad de los alumn@s.

A veces el hecho de apuntarse a yoga en edad avanzada es una excusa para entablar nuevas relaciones. También hay muchos médicos que recomiendan la práctica de yoga para movilizar la espalda o para relajarse. La clase se vuelve un espacio de relajación y interacción social. Como profesor/a es importante preguntar a los alumn@s cual es la motivación para venir a las clases.

Al principio cuando comencé a dar clases con personas mayores, lo primero que encontré es que la realidad supera a la ficción, y que toda la teoría sobre como y qué puede o no puede hacer una persona mayor es relativo. Encontré que hay que poner mucha creatividad a la hora de adaptar muchos movimientos y posturas, y que evidentemente dependiendo de l@s alumnos el repertorio de ejercicios se hace de primeras más pequeño. A medida que va pasando el tiempo creas más recursos y vas aprendiendo a adaptar las sesiones, a conocer cuerpos, a trabajar con las limitaciones de otros, y con las tuyas propias.

Sin embargo siempre podemos ofrecer variantes. Aunque lo más “difícil” es el trabajo mental de aceptarnos tal cual somos, tal cual es nuestro cuerpo, no importa la edad, ni el momento de la vida en el que nos encontremos. La practica de Yoga es una practica de trabajo mental también, el trabajo de aceptar, acoger y abrazar lo que somos, el ser que se sienta en la colchoneta, esterilla o incluso silla y se predispone a trabajar/se.

Cuando nos abrazamos descubrimos que sin importar la edad, ya no buscamos “ponernos el pie detrás de la oreja” si no que buscamos esa sensación sutil e interna de bienestar, de gracia, cuando entramos en consonancia con lo que somos aquí y ahora. Y esa sensación no entiende de edad sino de nuestra predisposición para abrirnos a la experiencia del momento presente.

Doy las gracias a mis alumnas que semana a semana me enseñan a observarme, a observarlas.

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