El valor espiritual

Esencias-espirituales

“Cuando sepas lo que deseas, averigua el precio y luego págalo con gusto.”

Raimon Sanso

Estos días estoy intentando reajustar y re-direccionar algunos patrones dentro de mi.

La verdad que no es que no estuviera contenta con mi vida, pero sí es cierto que durante los últimos 4 meses más de una vez me he preguntado qué era lo que hacía que periódicamente entrara en una espiral de no estar tan a gusto.

Leyendo, estudiando, practicando, meditando y sobre todo buscando, me encuentro con un sin fin de creencias arraigadas en mí que no me estaban haciendo ningún favor.

Durante mucho tiempo no estuve dispuesta a pagar el precio de quién soy, de lo que deseo para mí y mi Vida, y no por que no tuviera un ideal o meta, sino porque no me creía que pudiera llegar a ser lo que soy, donde hoy siento que he llegado. 

No hemos sido educados, de forma general, para brillar, para ser exitosos, y mucho menos para que todo eso tenga que ver con un proceso espiritual. 

La abundancia sí es una estado espiritual, es más, sólo se llega a través del espíritu, porque no tiene que ver con la cantidad, si no con la calidad de aquello que tienes y el saber qué es lo que quiere realmente tu alma y por último estar dispuest@ a pagar el precio.

Quieres ser feliz y que tu vida esté llena de plenitud y alegría, pero si te digo que disfrutes de la vida y encuentres tu pasión no estás dispuest@ a darte el valor y el tiempo necesario. Pues entonces esta claro que no quieres realmente eso. O quizás tienes tanto miedo que no puedes hacerlo, o tu Ego es demasiado grande como para no permitirte brillar y triunfar. Porque al Ego le encanta tener la razón y levantarse un día y decirte, “te lo dije, tu no ibas a hacerlo”.

En mis clases muchas veces propongo tareas para hacer en casa, pequeños retos para experimentar el estar conectad@s más allá de la hora y poco que te permites semanalmente. Hace poco propuse a mis alumnos que se tomarán 10 minutos al día para bailar durante unas semanas, bailar desde el disfrute, bailar a la Vida, bailar como un juego, que eligieran una canción que les gustara y que la bailaran como si nadie los estuviera viendo. Lo que más me llamó la atención es que much@s se quejaban de la propuesta sin siquiera probarlo, me decían que no lo podían hacer porque no tenían tiempo o sin decir nada se escuchaba un resoplar de aquello que parece que se hace con desgana y por obligación. Yo solo podía preguntarme y preguntarles porqué nos ponemos tantas pegas para regalarnos 10 minutos diarios de disfrute. Y me llevo algunos días de reflexión sobre como gestionaba mi tiempo en relación a lo que me nutre y a lo que no.

Así que la reflexión que hoy quería traerte es que te preguntes que es lo que deseas, no tanto materialmente, sino que es lo que buscas detrás de ese deseo material, cómo quieres vivir, cómo quieres sentirte. Y cuando lo sepas, observa si estás dispuest@ a pagar el precio de aquello que deseas. Espero que así sea.

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Sobre nuestra capacidad de “perdonar”

Me encuentro pensando hacia atrás, recapitulando escenas de mi vida en donde en algún momento sentí dolor, frustración, traición. Me veo mirando hacia atrás sosteniendo el aliento, intentando entender como funciona mi mente y mi emoción. Intentando recoger lo que me pertenece en ese algo que dolió hace tiempo.

Quiero perdonar, más allá de la palabra, quiero perdonar en el cuerpo, quiero perdonar de verdad. Quiero perdonar por sobre todo, quiero perdonar-me.

Nuestra capacidad de perdonar está ligada a nuestro sentido del Amor. Si recuerdo que me amo, podré conectar más fácilmente con el proceso de perdonarme. Si recuerdo que amo al otro, puedo perdonarle.

El perdón consiste en apartarnos de nuestra necesidad de “tener razón”, y permitirnos re-escribir una nueva historia o relato de lo sucedido. Este nuevo relato es imprescindible ya que sin él no doy opción a re-valorar también mi sentimiento. Es necesario apartarnos de la historia de dolor y/o victimismo y contarnos un nuevo relato en donde prevalezca el AMOR y el ENTENDIMIENTO.

Porque te amo, me doy permiso para dejar de tener razón, puedo empatizar contigo, con tus sentimientos, y juntos somos capaces de contarnos una nueva historia en donde prima nuestro amor.

Sin embargo, hay situaciones en donde sanarnos, o curar la herida y perdonar no implica necesariamente ese cierre de entendimiento y empatía. Hay entonces la capacidad de entender, respetar, de re-escribir mi propio relato, pero a partir de aquí ya no es posible ese cierre amoroso y ese abrazo. Volviendo evidente en este caso, y no porque no lo fuera antes, que lo que el otro es realmente puede diferir sustancialmente al deseo que tengo de lo que el otro sea.

Lo que sí es cierto es que en ese perdonar y sanar la herida hay irremediablemente un cambio de mirada, fue necesario salir del patrón o el molde que estaba establecido para entrar en una nueva estructura que sea cual sea el resultado no es otra cosa que una estructura de amor.

 

Los días poco yóguicos…

agus 3Soy mujer, me siento completa y compleja, y vivo esto como una virtud. 

Es posible que como profesora de yoga ronden sobre mí ciertos supuestos, que no vivo, pero no por eso me siento menos espiritual, más bien todo lo contrario.
Nunca he sentido en mi el estereotipo del practicante de yoga, como no lo veo en muchos de mis compañeros y amigos que llevan años practicando. No comparto las etiquetas tipo yogui hippie, paz y amor, no me siento del tipo palomita blanca, ni me siento subida a la parra.
Esto no me hace ni mejor, ni peor profesora. Me hace particular, porque todos lo somos. Me hace yo, y me gusta.
Sí siento la práctica como una forma de activismo, siento que parte de mi constancia en llenarme de consciencia de todas las formas que voy conociendo y me resuenan, son parte de mi manera de cambiar el mundo.
Veo mi proceso personal como una forma de sentir que trajendo luz y consciencia estoy aportando mi granito de arena.
Me siento de las yoguis que abrazan sus luces y sus sombras, y por eso abrazo mis contradicciones, mis metidas de pata, mis miedos, mi mala hostia, vamos… mis mierdas. Incluso los días en que parece que estoy desconectada, ahí tambien me abrazo he intento integrarme, intento ser sincera conmigo y reconocer que tengo mis mierdas y quizás por eso pricipalmente intento volver todo lo que puedo a la colchoneta.
No miento a mis alumnos, ellos saben que no soy ni me creo perfecta. Saben que soy humilde como para admitir que no sé mas que ellos en un montón de aspectos y que de ellos aprendo mucho más de lo que creen. Soy profesora porque estudié para ello, tengo práctica y recursos como para montar una clase y llevar un grupo, para transmitir. Pero no me siento superior espiritualmente.
Hay días que puede parecer que estoy poco yóguica. Pero es sólo desde el cristal en donde se mire.

Volvernos madres/padres (de nosotros mism@s)

klimt_mother_and_child1Desde una vision de respeto hacia el niño, aprender a  ser madres/padres debería ser aprender a acompañar. Aprender a observar necesidades, aprender a estar presentes. Requiere un trabajo de observación de nuestros hij@s, como son, cuales son sus potenciales, que buscan, que los motiva.

Reflexionando sobre cómo acompaño a mi hijo, me dí cuenta del gran desafío de volverme madre/padre de mi misma. Conocerme, acompañarme, saber cuales son mis necesidades.

Siempre sentí la fuerte convicción de que es imprescindible indagar en quiénes somos, sanarnos, re-conciliarnos, amarnos a nosotros mismos, previo a acompañar al otro, antes de mirar al otro, sea el otro tu propio hijo, o tu pareja, o tus alumnos en clases. Por en caso contrario se hace muy difícil mirar sin que esa mirada este teñida por nuestras propias heridas. Sin tomar distancia de lo que se activa en mi gracias al otro.

Y entonces cómo conseguimos esto? Cómo me transformo en mi propia acompañante?

Siento que las respuestas no son cerradas. Intuyo generalidades y tras las mismas un sin fin de matices. Pero creo en la fuerza del COMPROMISO. Comprometerme con lo que soy y lo que me pasa. Comprometerme con mis recursos y aplicarlos, comprometerme con lo que sé que es bueno para mí, sean hábitos, rutinas, amigos, trabajos. Porque sé cual es el camino en el hacer y en el no hacer.

No hace muchas semanas, trabajando con unas visualizaciones y meditaciones pude conectar con esa necesidad de reafirmar y alimentar mi compromiso, casi cada día. Reafirmar el compromiso de vivir en alegría, en armonía, y en cambiar la piel cuando es necesario. Para esto claro hay que mirarse sin miedos y abrazarlo todo, lo bueno y lo malo. Como la Madre (Luna) que soy de mi misma, acunarme, perdonarme y saber que siempre estoy allí para acompañarme.

 

 

Yoga en el embarazo

 

 

Clase embarazadas yoga Barcelona

La práctica de Yoga durante el embarazo nos invita a cuidar nuestro cuerpo, a escucharlo, a entrar en él, en su respiración, sus sentidos.

Explorar las nuevas sensaciones que van surgiendo y brindarnos nuevos recursos, aprendiendo a re-descubrirnos y descubrir a ese nuevo ser que late en nuestro interior.

Las clases de Yoga durante el embarazo nos ayudan a tomar consciencia del cuerpo y de sus necesidades. Consciencia de la vida en nuestro interior y la procura de un desarrollo sano. A su vez nos aporta fortaleza y flexibilidad en nuestra columna vertebral, nuestras articulaciones, y en la musculatura de todo el cuerpo. Gracias al trabajo respiratorio obtenemos una mayor oxigenación de nuestro organismo y en consecuencia del bebé.  Aumenta nuestra energía vital, nuestra capacidad de relajarnos, de estar presentes, disminuyendo la ansiedad y la angustia.

“…

1 de noviembre

Esta mañana el cielo está todo azul, es un azul de invierno muy luminoso, casi brillante. Tendida de espaldas en la cama, apoyo las manos sobre mi vientre. Las paseo con suavidad alrededor de mi ombligo, mirando el cielo raso. Estoy encinta. Frase trivial, pero tan enorme, que me incorporo para verificar de nuevo la raya azul del test de embarazo. Leo una vez más la indicación: “Si una línea azul cruza la ventana grande de la barra absorbente, usted está embarazada”. Por lo tanto estoy embarazada. Ya conocía “Tú estás embarazada”, “Ella está embarazada”. Nunca había pronunciado ni escrito: “Yo estoy embarazada”. En francés, enceinte, Sainte. Sein. Encinta. Santa. Seno. Dice el diccionario Robert: “Enceinte: lo que rodea un espacio a manera de cerco e impide se acceso”. Esta definición me viene mejor que esta otra: “Que se encuentra en estado de embarazo.” Yo no me siento en estado de embarazo, me hallaría más bien en estado de secreta defensa. Investida, como se lo está de una misión. Pero, ¿de qué estoy investida?: no lo sé. No me lo imagino. Miro el sol formando olas en el techo. La palabra “madre” me parece curiosamente abstracta. “Hija” me es mucho más familiar. De todos modos, soy incapaz de reflexionar. Sólo quiero estar tendida con esta revelación en mi vientre y saborear su presencia. los ojos cerrados, los ojos abiertos. Boca arriba, boca abajo. Los pies contra la pared, la cabeza hacia abajo, estoy exultante. Pienso en la audacia de este bebé, en la increíble temeridad de los bebés que eligen brotar en el vientre de las mujeres. Françoise Dolto decía que los bebés eligen a sus padres. Me gusta ser la madre elegida por mi bebé, la mujer elegida…”

Extraído del libro “Con el consentimiento del cuerpo” de Marie Bertherat, Thérèse Bertherat y Paule Brung.

El juego Cósmico, LILAH

Maha-Lilah - Clases de Yoga Barcelona

Hoy quiero recomendarles un juego, el juego de Lilah. De tradición hindú, tiene miles de años, y no se conoce su autoría. Originalmente se llamaba Gyam Chaupad ( el juego del conocimiento), y fue diseñado como descripción de los estados y situaciones que rodean al hombre en el proceso de crecer a  través de la vida. El Lilah es predecesor de lo que hoy conocemos como “Serpientes y escaleras”.

Detrás de la apariencia lúdica se encuentra una amplia significancia trascendental. Un juego que nos invita al auto-conocimiento desde un punto de vista ligero y entretenido. Como el Tarot para los egipcios, o el I Ching para los chinos, el juego de Lilah nos permite observar la sincronicidad del cosmos. Jung habla de sincronicidad para explicar los lazos que a veces se forman entre dos acontecimientos del mundo de los fenómenos, aparentemente no relacionados entre sí. Sincronicidad es la satisfacción de una necesidad por un agente externo, excluido del control consciente del ser individual. Sincronicidad es estar en el lugar correcto, a la hora exacta.

En relación al juego del Lilah, este nos ayuda a comprender lo que el jugador está experimentando en un determinado momento. El Karma como agente externo determina la caída del dado, y el nexo entre los acontecimientos (la sincronicidad) es el juego  mismo.

Lo que encuentro más interesante en el juego es la idea de que en el mismo no hay muerte, solo subidas y bajadas, cambios de estado en la propia conciencia, teniendo de todas maneras un objetivo y una meta:

“Como en todos los juegos, en éste también hay una finalidad, un gol, un objetivo que alcanzar. Por ser la esencia del jugador su habilidad para identificar, su única forma de ganar el juego es identificar su Fuente. Esto es, la Conciencia Cósmica, la esencia del puro Ser que trasciende el tiempo y el espacio, que no conoce límites, que es Infinita, Absoluta, Eterna, sin cambio, el Todo, sin atributos, más allá del nombre y la forma. El juego termina cuando el jugador llega a ser él mismo, la esencia del juego. Esto es Lilah.” (Johari, 1980)

Y así, sin más, me preparo para tirar el dado, a llegado mi turno, gracias por jugar conmigo, hasta la próxima entrada…